ELECCIÓN DE ESTADO

Caricatura política sobre una posible elección de Estado en México, con Claudia Sheinbaum al frente de una maquinaria de Morena y el autor Demetrio Sodi sobrepuesto a la ilustración.

Desde la Cancha

Por Demetrio Sodi

Mal empieza el proceso electoral cuando la presidenta Claudia Sheinbaum se mete a la contienda y descalifica a los partidos y a los dirigentes de la oposición. La presidenta es la jefa del Estado, y sus ataques a la oposición son una invitación a todos los servidores públicos para hacer lo mismo.

Una elección de Estado ocurre cuando toda la fuerza del Estado, empezando por su titular, interviene en una elección a favor de su partido. Eso es lo que vimos durante todo el sexenio pasado y lo que estamos viendo ahora. La presidenta es una promotora de Morena e interviene constantemente para descalificar a la oposición.

Morena se ha ido debilitando y, en la elección del próximo año, puede perder la mayoría calificada en la Cámara de Diputados y varios estados que actualmente gobierna. La oposición ya acordó hacer alianzas a nivel estatal y, de esa forma, poder derrotar a los candidatos a gobernador de Morena. La presidenta lo sabe y por eso está decidida a intervenir a favor de Morena en las elecciones del próximo año.

La Constitución le prohíbe a cualquier servidor público intervenir en los procesos electorales a favor de una fuerza política. En otros países, los jefes de gobierno pueden participar y hacer campaña a favor de su partido; en México está prohibido. De acuerdo con una interpretación del Tribunal Electoral, el presidente o la presidenta tiene la obligación de mantener una “prudencia discursiva”. Esto significa que no puede aprovechar su posición, sus conferencias de prensa o los actos públicos para manifestar apoyo o rechazo hacia alguna fuerza política o candidatura. López Obrador, como presidente, violó sistemáticamente esta prohibición, y la presidenta ha hecho lo mismo durante estos dos años de gobierno.

Claudia Sheinbaum ha preferido ser presidenta de Morena a ser presidenta de todos los mexicanos. Por más que ella diga lo contrario, su prioridad es que Morena mantenga el control del Congreso, aun recurriendo a actos ilegales. Sabe que no tendría la capacidad de gobernar con un Congreso en el que no tenga mayoría, como lo hicieron Zedillo, Fox, Calderón y Peña. Sabe gobernar con un gobierno que controla los demás poderes; no sería capaz de gobernar en un país democrático.

Hay 29 mil servidores de la nación que son promotores de Morena y que amenazan todos los días a los beneficiarios de los programas sociales con quitarles el apoyo si no votan por Morena. Es cierto que la mayoría de los programas sociales son un derecho establecido en la Constitución, pero eso no lo sabe la gente. Un ejemplo del uso del presupuesto con fines políticos lo vimos con el estúpido video del secretario de Educación, Mario Delgado, al decir que el apoyo para útiles escolares era un regalo de la presidenta Claudia Sheinbaum a los padres de familia.

Además de todo el aparato del Estado, Morena cuenta con la complicidad del INE y del Tribunal para ignorar las demandas que pueda presentar la oposición por el uso de recursos y programas públicos del gobierno.

Viene una elección de Estado. Los partidos de oposición no pueden dormirse: tienen que poner desde ahora un alto a la presidenta y a los funcionarios públicos para que no usen toda la fuerza del Estado a favor de Morena. Es casi seguro que el INE los va a ignorar, pero deben dejar constancia de los abusos de la presidenta y de Morena. La única forma de combatir una elección de Estado es mediante la observación y la denuncia desde ahora, y no solo el día de la elección.

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