Elitismo lingüístico: una forma más de discriminación y polarización

¿Eres de los que descarta la opinión de los demás por sus faltas ortográficas? ¿Crees que un “dedazo” puede invalidar buenos argumentos? Conoce el “elitismo lingüístico”, una forma de discriminación.

¿Sólo la buena ortografía da credibilidad?

En los últimos años, con el auge de las redes sociales surgió también un nuevo “prestigio”: escribir sin errores ortográficos. Así, muchas personas con buena ortografía empezaron a darse a la tarea de corregir los mensajes y publicaciones de los demás, incluso sin darse cuenta de sus propias fallas. Las críticas a la mala redacción también surgen cuando las personas se pelean en línea, sin importar el tema. Cualquier persona ha leído infinidad de discusiones en Facebook o Twitter, donde los participantes demeritan o invalidan la opinión de los otros por no escribirlas correctamente. La falta de un simple acento puede terminar cualquier riña con el clásico “aprende a escribir primero”.

Y sí, efectivamente, es un hecho que en nuestro país las faltas de ortografía y los problemas de redacción son cosa de todos los días, pero esto no necesariamente debería restar importancia a la opinión y las causas de las personas que se expresan por escrito. ¿Por qué perderían valor las denuncias sociales cuando se escriben con “b” y no con “v”? ¿Automáticamente pueden valer menos? 

Foto tomada del artículo “Dejan protestas grafitis con errores ortográficos en Morelia”, publicado por la Agencia Quadratín, el 14 de octubre de 2017.

Clasismo, racismo y “elitismo lingüístico”

A raíz de este culto por escribir bien y corregir a los demás, ha surgido un nuevo concepto: el elitismo lingüístico, una forma de discriminar a quienes cometen faltas de ortografía o tienen problemas de redacción, y también contribuye a la polarización, a la división entre “fifís” y “chairos”, entre la “CDMX oriental” y la “CDMX occidental”, entre quienes se consideran más cultos y quienes no han podido acceder a una educación de calidad o continuar con sus estudios por falta de oportunidades o, por el contrario, circunstancias de la vida que les permitieron tener mayor conocimiento, lecturas, talleres, posibilidades que los llevaron a escribir mejor. Todas las personas tienen derecho a expresarse y la ortografía no debe ser un argumento para desacreditarlas.

El punto es que en este elitismo lingüístico observo un mecanismo más de descarte social por prejuicio; es decir, bajo sus parámetros, si un hombre es bueno, honesto, limpio, trabajador, sensato y maduro, pero por una deficiencia en su preparación académica escribe “haber” en lugar de “a ver”, de inmediato es percibido como inferior. No importa la persona, su ideario, si propone algo o solamente repite hasta la náusea algo que vio o leyó por ahí, o si es un dedicado científico o una empresaria exitosa: lo único que importa es si escribe bien o no. Punto. Y en esa ideología de reducción simplificadora, lo mismo daría si fuera pobre, negro, indígena, judío, white trashmojado —o “migrante ilegal”, para no caer en la incorrección política—, homosexual, chaparro, feo, obeso o usara lentes de fondo de botella: la discriminación no discrimina.

Francisco Masse, Excélsior

En esto de la polarización se involucra necesariamente la política y la coyuntura del país: el “pueblo bueno” del presidente y los “fifís” seguidores de la “mafia del poder”, una polarización promovida constantemente por el presidente López Obrador, pero sin duda retomada por los ciudadanos. Por sus propias declaraciones se asume que los seguidores del presidente son personas ignorantes; él mismo asegura que le creen quienes tienen menor educación, “los más humildes”.

En este contexto, algo que podría abonar a que esta percepción se afiance en los mexicanos son algunas expresiones en las que el presidente demuestra que él es de “los más humildes” tal como ha sucedido cuando el mandatario habla con incorrecciones como decir “Tláhuat” en lugar de “Tláhuac”, o cuando en lugar de “dijiste” le preguntó “¿qué ‘dijistes’?” a Hugo López-Gatell en medio de la exposición de un tema de interés nacional. ¿Qué armas provee esto al clasismo y racismo? ¿Qué tanto puede restarle credibilidad? Y por otro lado: ¿qué tan creíble podría ser otro personaje político de ortografía impecable y expresiones perfectas, pero con “mucha cola que le pisen”?

Mejor educación para todos

La mala ortografía y los problemas para redactar deberían ser un tema de preocupación más allá de lo individual y convertirse en una exigencia relacionada con la calidad de la educación que están recibiendo la mayoría de los mexicanos. En nuestro país existen casos de personas que incluso cuentan con licenciaturas, maestrías y doctorados cuya ortografía muestra deficiencias que debieron corregirse dentro del sistema educativo desde edades tempranas. Este problema persiste tanto en escuelas públicas como privadas, y afecta a la población de todos los niveles socioeconómicos.

Si bien es cierto que a mayor grado de educación y posibilidades de capacitación incrementan los conocimientos para mejorar la escritura, el hecho de que existan escuelas en condiciones precarias y que los grupos más vulnerables tengan acceso a una educación de baja calidad es un tema que no debería provocar riñas entre los individuos, sino la exigencia de mejores condiciones para el aprendizaje para todos los mexicanos, que inicien a partir de la enseñanza de los procesos relacionados con la lectoescritura en los niños del nivel preescolar.

Con información de Raúl Urbina (urbinavolant.com), Francisco Masse (Excélsior) y Ricardo Quintana (sopitas.com)

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