Foto: El País
Cada fin de semana, en la Ciudad de México, decenas de personas se reúnen en un lugar inusual para disputar partidos de futbol, un escenario que parece sacado de una leyenda. Este escenario singular se encuentra en el cráter del volcán Teoca, una joya natural en las afueras de la ciudad que ha sido testigo de rituales prehispánicos y observaciones astronómicas a lo largo de los siglos.
Conocido localmente como la “cancha de los dioses”, este espacio deportivo se encuentra en el límite entre las alcaldías Xochimilco y Milpa Alta, al sur de la capital mexicana. A pesar de su ubicación remota y su historia rica en tradiciones, hoy en día es un punto de encuentro para la comunidad local y los amantes del futbol que buscan una experiencia única en las alturas.
Desde la época prehispánica, el volcán Teoca, inactivo desde hace miles de años, fue utilizado como un sitio sagrado para rituales y como un observatorio astronómico. Los antiguos habitantes de la región lo consideraban un lugar de conexión entre la tierra y el cosmos. Su nombre, Teoca, se traduce como “donde el dios se comunica”.
Con el paso de los años, los rituales prehispánicos dejaron de realizarse, y el espacio tomó un nuevo propósito como punto de reunión para las comunidades locales. Sin embargo, su rica historia y la sensación de misterio que lo rodea aún se sienten en el aire.
A pesar de su ubicación en un cráter volcánico, la “cancha de los dioses” cuenta con las medidas reglamentarias para albergar partidos de futbol profesionales. Aunque carece de pasto, gradas o bancas, esto no impide que decenas de personas se congreguen aquí cada domingo para disfrutar de la pasión del futbol.
Situada a 2,600 metros sobre el nivel del mar, la cancha ofrece una vista impresionante de los alrededores y una sensación única de jugar futbol en un lugar casi mágico. Los jugadores locales y visitantes se enfrentan a desafíos adicionales debido a la falta de una superficie de juego tradicional, pero esto solo agrega emoción al juego.
La “cancha de los dioses” representa un vínculo especial entre la tradición ancestral y el deporte moderno. A pesar de la evolución de este lugar a lo largo de los siglos, sigue siendo un símbolo de la importancia cultural de la región y un testimonio de la capacidad del deporte para unir a las comunidades.
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Con información de El País.
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