Yo, Claudia

Caricatura editorial sobre la concentración del poder presidencial en México, con Claudia Sheinbaum controlando los poderes Legislativo y Judicial y organismos autónomos.

Desde la Cancha

Por Demetrio Sodi

La presidenta Claudia Sheinbaum ha logrado, a través de sus reformas constitucionales, concentrar prácticamente todo el poder del Estado en su persona. Controla los tres poderes y no existe nadie, salvo el jefe supremo, López Obrador, que pueda cuestionar sus decisiones o contradecir lo que dice.

La estrategia para concentrar todo el poder en la figura presidencial no es una decisión exclusivamente suya. Es el regreso al presidencialismo de la era priista que López Obrador siempre añoró.

Claudia Sheinbaum no tiene una concepción propia de la democracia ni de la historia del país. Ambas son, en buena medida, una herencia de López Obrador. Ella nunca participó ni se comprometió con la transición democrática. Entiende la democracia desde la concepción presidencialista de López Obrador. Tampoco parece comprender la historia de México ni lo que significa ser mexicano: es, en esencia, una repetidora de su discurso político.

Por eso AMLO la escogió como sucesora. Porque era la única que garantizaba la continuidad de su pensamiento político. Cualquier otro habría terminado dándole la espalda.

Para Sheinbaum, el Poder Ejecutivo debe concentrar todo el poder para que el gobierno y el país funcionen. Es un presidencialismo que no puede convivir con un Congreso independiente, un Poder Judicial autónomo ni organismos constitucionales independientes.

Ese modelo presidencialista, que dejó de funcionar frente a la pluralidad política que existe en el país, fue quedando atrás con la transición democrática iniciada en 1988 y que se consolidó a partir de 1997, cuando la existencia de un Poder Legislativo independiente permitió impulsar las reformas necesarias para limitar, equilibrar y fiscalizar el poder presidencial.

Pero aunque Claudia Sheinbaum tiene hoy una concentración de poder que ningún presidente había tenido en décadas, su gobierno es un verdadero desastre político. No tiene control de su gabinete ni de su partido.

Lo que hemos enfrentado en los últimos días —los videos de la gobernadora de Baja California, los bailes del exgobernador Rocha, las declaraciones del secretario de Educación, Mario Delgado, y la carta de Andy López Beltrán— pone en evidencia la falta de oficio y de control político de la presidenta.

Todo le sale mal.

La forma en que se presentó la ley para proteger a las audiencias, por parte de María Luisa Alcalde, provocó la alarma en los medios de comunicación. Si a esto le sumamos las listas de periodistas y analistas considerados incómodos para el gobierno, así como lo dicho por la propia presidenta en una mañanera, cuando afirmó que solo se apoya a los medios que se alinean con el gobierno, el panorama resulta todavía más preocupante.

Cada día se mete en más problemas y los integrantes de su gabinete y sus asesores, en lugar de dar la cara por ella, se hacen a un lado y la dejan sola.

Nunca había visto a una presidenta tan cuestionada como lo es Claudia Sheinbaum. Incluso Vicente Fox, que en ocasiones hablaba de más, tenía a Rubén Aguilar para contenerlo y proteger políticamente sus mensajes.

El problema no se limita al choque político interno que enfrenta la presidenta. Cada día hace declaraciones que la confrontan más con el gobierno de Estados Unidos.

Sheinbaum tiene razón en que la cancelación de la visa al hijo de López Obrador tiene implicaciones políticas, pero no necesariamente constituye una acción contra su gobierno. Es, más bien, una clara advertencia de que el gobierno de Estados Unidos puede actuar directamente contra el expresidente.

Mientras no exista voluntad para extraditar o investigar a políticos de Morena presuntamente relacionados con organizaciones del narcotráfico, la presión de Estados Unidos seguirá creciendo.

A Claudia Sheinbaum todavía le quedan cuatro años de gobierno. Y si no pone orden en su gabinete, en su partido y, sobre todo, si no cuida mucho más lo que dice en las mañaneras, quizá sería mejor que no convocara a una consulta de revocación de mandato.

Porque, en esas condiciones, existe un riesgo real de que la pierda.

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