
“Desde la Cancha”
Por Demetrio Sodi
Aunque la llamada Cuarta Transformación no constituye una transformación histórica comparable con la Independencia, la Reforma o la Revolución, como han intentado presentarla López Obrador y los dirigentes de Morena, sí representó un cambio en las prioridades del gobierno después de 36 años de políticas neoliberales.
Colocar a los sectores más pobres de la población en el centro del discurso y de las políticas públicas significó una ruptura con gobiernos anteriores, que relegaron sus necesidades. A ello se sumó la recuperación del poder adquisitivo mediante los aumentos al salario mínimo y la ampliación de los programas sociales. Ambas medidas contribuyeron a reducir la pobreza y consolidaron una base de respaldo político para Morena. La consigna «primero los pobres» arraigó en amplios sectores de la población y generó una lealtad política que difícilmente podrá revertirse en el corto plazo.
El problema que enfrenta hoy el gobierno y su partido es que estas dos estrategias muestran signos de agotamiento. Los incrementos al salario mínimo no pueden sostenerse indefinidamente a las mismas tasas sin considerar sus posibles efectos sobre los costos de las empresas, la contratación y la formalización del empleo. Las dificultades para generar puestos de trabajo formales y el crecimiento de la informalidad laboral plantean interrogantes sobre la capacidad de mantener esta política sin afectar a determinados sectores productivos.
La expansión de los programas sociales también enfrenta restricciones. Una parte creciente del gasto público se ha financiado mediante endeudamiento, y la deuda no puede aumentar indefinidamente sin presionar las finanzas públicas, elevar el costo de su servicio y comprometer el margen de maniobra del gobierno. Aunque México ha mantenido su capacidad para hacer frente a sus obligaciones financieras, sostener el ritmo de endeudamiento de los últimos años plantea desafíos cada vez mayores.
La continuidad del proyecto político de la 4T dependerá, en buena medida, de que la economía crezca a tasas más elevadas y genere empleos formales. A diferencia de su antecesor, la presidenta Claudia Sheinbaum ha buscado acercamientos con el sector privado para promover la inversión. Sin embargo, las reformas constitucionales impulsadas por López Obrador y concretadas durante su gobierno, así como las que han modificado el marco institucional, representan un factor de incertidumbre para algunos inversionistas. Recuperar la confianza y atraer el capital necesario para impulsar el crecimiento económico será fundamental para mejorar las condiciones de vida de la población.
Hay, además, una promesa de López Obrador que merece un análisis aparte: acabar con la corrupción. Los señalamientos y escándalos que han involucrado a funcionarios y actores políticos de Morena, junto con las denuncias sobre presuntos vínculos entre autoridades y organizaciones criminales, han puesto en entredicho ese compromiso. La percepción de impunidad y el deterioro de la seguridad constituyen problemas que el gobierno no puede seguir soslayando.
La 4T enfrenta, por tanto, el desafío de trascender las políticas que le dieron identidad y respaldo electoral. La oposición tiene ante sí la oportunidad de plantear una transformación económica de fondo, con prioridades claras: crecimiento sostenido, generación de empleo formal, aumento de la productividad, mejores salarios y transición de la economía informal hacia la formalidad.
Hasta ahora, los partidos opositores han concentrado buena parte de su estrategia en las críticas al gobierno y en aprovechar los escándalos que han salido a la luz. Sin embargo, señalar los errores del adversario no basta para construir una alternativa política. Para convencer al electorado, necesitan presentar propuestas concretas, viables y capaces de responder a los problemas cotidianos de la población.
Ese es, precisamente, uno de los principales vacíos de la oposición: la falta de una propuesta económica y social que permita a los ciudadanos identificar con claridad qué cambiaría y cómo mejoraría su vida. Las deficiencias en materia de seguridad, salud y educación contrastan con el respaldo que todavía generan los programas sociales entre sus beneficiarios. Mientras ese apoyo se mantenga, el descontento con otras áreas del gobierno no necesariamente se traducirá en un cambio de preferencias electorales.
El desgaste de la 4T no garantiza, por sí mismo, el fortalecimiento de la oposición. Para que eso ocurra, tendrá que demostrar que existe una alternativa capaz de preservar los avances que la población valora, corregir los errores del gobierno y ofrecer mejores resultados en crecimiento económico, seguridad, salud y educación.
La oportunidad está abierta, pero no será suficiente esperar a que Morena pierda respaldo. La oposición necesita construir una propuesta que inspire confianza y demuestre que puede gobernar de otra manera. Si no lo hace, el agotamiento de la 4T podría convertirse en una oportunidad desaprovechada.



