CÓMO DERROTAR A MORENA

Demetrio Sodi durante una intervención pública en una fotografía de archivo.

Desde la Cancha

Por Demetrio Sodi

Estamos a 12 meses de las elecciones del próximo año, en las que se renovará la totalidad de la Cámara de Diputados y 17 gubernaturas, además de celebrarse elecciones de presidentes municipales, regidores y diputados locales en la mayoría de los estados de la República. Es hora de pasar de la crítica a las propuestas. Como lo he mencionado en otras ocasiones, las elecciones no se ganan criticando, sino ofreciendo una alternativa que mejore las condiciones de vida de la gente.

Para poder conectar con el electorado, es necesario llevar a cabo primero un diagnóstico de cuál es la realidad que enfrenta el país y, sobre todo, la gente. Este diagnóstico debe realizarse para cada estado de la República, para cada distrito y para cada municipio del país. Los problemas que vemos desde la Ciudad de México, en la mayoría de los casos, nada tienen que ver con lo que vive la gente en su ciudad o en su localidad. Los capitalinos creemos que solo existe el centro y el gobierno federal, e ignoramos mucho de lo que pasa en el resto de la República.

Tenemos que partir de una realidad: la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene una popularidad y un nivel de apoyo superiores al 60%. Es una ventaja que ella no esté el próximo año en las boletas, como era su intención; sin embargo, Morena mantiene un respaldo electoral equivalente al de todos los partidos de oposición juntos. Para derrotarlo, hay que construir un diagnóstico, una propuesta y una estrategia a nivel estatal, distrital y municipal.

La elección de 2027, si bien es una elección nacional porque se renueva la Cámara de Diputados federal, en la práctica está compuesta por 32 elecciones estatales. Como no es una elección presidencial, para ganar se requiere una estrategia diferenciada por estado en aquellos donde se elige gobernador, y una estrategia distrital o municipal donde no sea así.

Los temas nacionales, como los problemas financieros del país, la deuda, la baja en la calificación crediticia, los problemas del Tren Maya, el Corredor Interoceánico, la refinería y otros asuntos que destacan los medios y la prensa nacional, no le interesan a la mayoría de la población, salvo al llamado círculo rojo de la Ciudad de México. Incluso el problema de la seguridad no tiene el mismo peso en las distintas regiones y estados del país.

Por lo anterior, no creo que sea conveniente una alianza nacional total de la oposición. Considero que esta debe construirse a nivel estatal y local, de acuerdo con la realidad política que se vive en cada entidad federativa. Los tres partidos de oposición deben permitir que las dirigencias locales y los candidatos lleguen a acuerdos para concretar, cuando convenga, esas alianzas electorales.

Fui candidato a diputado en tres ocasiones, a senador, a jefe delegacional y a jefe de Gobierno. Nunca fui plurinominal y gané todas las elecciones, salvo esta última. Mi discurso siempre estuvo relacionado con los problemas locales y orientado a proponer soluciones. Aprendí que la gente, a la hora de votar, lo hará por aquel candidato que conozca y que tenga respuestas para sus problemas. El discurso de la oposición debe tomar en cuenta lo que piensa la gente, no lo que pensamos quienes formamos parte de la oposición.

El apoyo de más del 60% al gobierno y de más del 40% a Morena tiene que ver con el nivel de satisfacción que una parte importante de la población tiene respecto al gobierno federal, sobre todo por la mejoría en sus condiciones de vida derivada de los aumentos salariales y de los programas sociales.

Morena no es invencible. La estrategia para derrotarlo no debe ser federal, sino local. A ese nivel, el peso presidencial prácticamente no existe, y los problemas que enfrenta la gente con los malos gobiernos locales de Morena abren la puerta para vencerlos. Las propuestas de solución frente a esos malos gobiernos serán las que definan el voto.

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