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Marchar y parar por las mujeres

Marchar y parar por las mujeres

Isabel Fulda

Este 8 de marzo, como cada año, miles de mujeres saldrán a las calles a marchar por sus derechos en el marco del Día Internacional de la Mujer.

Las causas son múltiples: la rabia por un Estado que parece no reaccionar ante los miles de mujeres víctimas de feminicidio y tantas otras formas de violencia, las claras desigualdades en el ámbito laboral y doméstico, la despenalización del aborto, el capacitismo, el racismo, la transfobia.

La lista es enorme, pero todas las causas tienen en común el diagnóstico de que la forma en la que organizamos nuestra sociedad es profundamente injusta y debe cambiar. A pesar de las diferencias, quienes marchamos compartimos la idea de que la igualdad de género establecida en el papel desde hace tanto tiempo en México no se ha reflejado en la realidad y que esto es absolutamente inaceptable. Marchamos también porque compartimos la esperanza de que podemos tener un mundo distinto y mejor.

La marcha del Día Internacional de la Mujer es parte del calendario anual de protestas sociales en el país. Este año, sin embargo, tiene un empuje distinto.

El hartazgo ha llegado a un punto de quiebre ante la brutalidad cotidiana de casos de feminicidio tan recientes como los de Ingrid, Fátima y Abril; el desdén por parte de un presidente a quien no parecen importarle las demandas de las mujeres, más de la mitad de la población de un país al que le prometió una transformación que se ve lejos de comenzar; la narrativa dominante de los medios de comunicación, que replican la condena de las protestas, sin entender el origen de la rabia y sus diversas manifestaciones. Pero a esta rabia se suma también la esperanza de ver una movilización sin precedentes en el país, no solo en términos numéricos, sino también en presencia geográfica, en el perfil de las mujeres, en las instituciones que —de manera sincera o no — realizan pronunciamientos sumándose a la causa. En fechas recientes, hemos visto a mujeres, principalmente jóvenes, protestando en todo el país, en las escuelas, frente a las fiscalías, en redes, en las calles. El empuje del movimiento feminista ha ido creciendo cada día y la respuesta por parte del Estado ha permanecido débil e insuficiente.

Este año se suma a las movilizaciones del Día Internacional de la Mujer el llamado al Paro Nacional de Mujeres, una iniciativa que no es nueva, pero que este año logró el apoyo de sectores amplios y diversos: instituciones públicas, empresas privadas, bancos, escuelas, universidades… ¡hasta iglesias! Ese día, algunas llaman a desaparecer por completo del ámbito público, no solo en relación con el trabajo formal remunerado, sino también con las labores de cuidado, las redes sociales y las calles en general. No salir, no comprar, no participar de la conversación pública, como un simulacro de ese mundo distópico en el que terminen de desaparecernos a todas. Otras, en cambio, han optado por organizarse alrededor de un paro ‘activo’, con lecturas colectivas, cascaritas de futbol, conversatorios de y para mujeres, por ejemplo. Salir a acompañarse y a jugar también como una forma de protesta ante un mundo que quiere que vivamos con miedo. Cualquiera que sea la estrategia, el paro del 9 de marzo sin duda está provocando una conversación pública nueva, amplia y notoria. Aunque el presidente no la escuche.

El Estado mexicano tiene deudas importantísimas con las mujeres: la ausencia de medidas de prevención y atención ante la violencia feminicida y otras formas de violencia de género, la falta de acceso a servicios de salud reproductiva de calidad, las barreras para acceder a espacios de poder político y económico, el acoso sexual y laboral: todas condiciones que afectan de manera particular a quienes, de por sí, viven condiciones múltiples de discriminación, como las niñas y adolescentes, las mujeres indígenas, quienes viven con una discapacidad o las mujeres trans. GIRE ha sido parte de una larga lucha por la justicia reproductiva en México. El domingo marcharemos y el lunes pararemos, con la esperanza de seguir trabajando por un país más justo, más libre, y más democrático para las mujeres.

Isabel Fulda Graue, es subdirectora de GIRE, Grupo de Información en Reproducción Elegida

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