Representación satírica de la polarización política en México y la narrativa de los programas sociales frente a la crítica opositora.
Por Demetrio Sodi
Más allá de las encuestas que señalan a Morena como casi seguro triunfador en las elecciones de 2027 y 2030, es necesario entender a qué se debe la fortaleza de Morena y la debilidad de la oposición. Desde mi punto de vista, la debilidad se debe, en mucho, a la falta de una propuesta alternativa que convenza a la gente de cambiar el sentido de su voto. Hoy no hay una alternativa —o si la hay, no se conoce— a la forma y programas con los que está gobernando Morena.
Lo he dicho en otras ocasiones: las elecciones se ganan con propuestas y no con críticas. La gente no cambia su voto porque un partido o un gobernante fallen en algo; lo cambia si hay una propuesta para resolver el problema. La oposición y los analistas se han dedicado a criticar prácticamente todo lo que hace el gobierno, pero no hay una sola propuesta para resolver los problemas de seguridad, desaparecidos, corrupción, salud, educación o falta de crecimiento económico y de empleo.
A los analistas no les corresponde proponer; pero los políticos y partidos de oposición, si quieren ganar votos, tienen que tener propuestas que convenzan a la gente. En nuestro país, hay un 70% que dice apoyar a la presidenta y a su gobierno, y a esa gente poco le importa la crítica que se haga al gobierno. El apoyo a la presidenta y al gobierno se da porque la gente vive mejor por los aumentos al salario y los apoyos sociales que recibe; salario y apoyos que, en última instancia, paga el sector privado.
Para la gente, lo más importante es el ingreso de su familia, muy por encima del problema de seguridad, corrupción, falta de medicinas o de si la economía o el empleo formal crecen o no. En las encuestas, la gente reprueba a la presidenta y a su gobierno en los resultados de seguridad y corrupción, pero la aprueba en economía y apoyos sociales. La gente no entiende si la economía nacional va bien o mal; la gente entiende de su economía personal, y esa ha mejorado.
Todo lo demás —el fracaso del Tren Maya, la refinería, la militarización o la reforma al Poder Judicial— no pesa en el ánimo de la mayoría de la población. No es que no sean importantes, pero preocupan solo a un porcentaje de la población, no al 70% de la gente que ha visto mejorar su ingreso familiar. Inclusive la acusación de que López Obrador sigue interviniendo en el gobierno, sea o no cierto, le da más legitimidad en lugar de debilitarla.
Si la oposición quiere ganar, debe cambiar de estrategia y de discurso. Lo primero es tratar de entender por qué la gente apoyó a López Obrador y ahora apoya a Claudia Sheinbaum; para mí es muy obvio: porque la gente vive mejor. En segundo lugar, los políticos, los partidos y los críticos de oposición deben dejar de hablarse a sí mismos. Deben tener y hacer públicas sus propuestas para mejorar la calidad de vida de la gente. Deben salir a recorrer el país y dejar de pensar que por aparecer en los medios están haciendo política.
Nos guste o no, el gobierno y su partido, cuando hablan o votan, piensan en cómo el “pueblo” va a reaccionar; en cambio, la oposición se aferra a sus ideologías, a sus seguidores o a sus aplaudidores, aunque sean la minoría.
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