Opinión

LA POPULARIDAD NO SIRVE PARA GOBERNAR

Desde la Cancha

Por Demetrio Sodi

No es fácil entender cómo la presidenta Claudia Sheinbaum mantiene una popularidad de 70% cuando los resultados de su gobierno son malos.

Salvo en la economía y en los programas sociales, donde la opinión es positiva, en todas las demás áreas del gobierno —la seguridad, el combate a la corrupción, los desaparecidos, la salud, la educación y la forma en que se ha negociado con EUA— la opinión de la gente es muy negativa. En el caso de la economía, la opinión positiva tiene que ver con la economía familiar, donde los aumentos al salario y los programas sociales han provocado una mejoría, independientemente de que la economía del país y la creación de empleos estén prácticamente paralizadas desde hace siete años.

Para la gente, la inseguridad, la corrupción, el fracaso de los grandes proyectos o las relaciones con Trump son mucho menos importantes que la mejoría personal y familiar que han tenido en su economía. El mismo hecho de que no crezca el empleo formal no es tan relevante mientras siga creciendo el empleo informal.

No hay duda de que los gobiernos de López Obrador y Claudia Sheinbaum han sido un fracaso en la economía, y los resultados en seguridad y combate a la corrupción han sido nulos o insuficientes; sin embargo, mientras siga mejorando el ingreso y la calidad de vida de la gente, la presidenta y su partido seguirán gozando de alta popularidad.

El problema es que el margen para aumentar el ingreso familiar y los programas sociales no será posible si no hay crecimiento económico. El gobierno ya no tiene dinero disponible para incrementar los programas sociales y los empresarios no pueden seguir aumentando los salarios si no hay crecimiento económico.

Contar con un 70% de popularidad es muy satisfactorio para la presidenta, pero su popularidad contrasta con la confianza cero de los empresarios para invertir. Nunca la confianza de los empresarios para invertir había estado en cero, y ese rechazo tiene lógica. De acuerdo al Banco de México, los empresarios no tienen confianza en la economía ni en el gobierno, y por eso la inversión se ha caído.

La presidenta lo sabe y está tratando de crear una confianza que se ha perdido desde el sexenio anterior, no solo por los ataques y descalificaciones frecuentes de López Obrador a los empresarios, sino, sobre todo, por las reformas constitucionales que se han aprobado y que los dejan indefensos ante una Corte y un Poder Judicial al servicio del gobierno.

El 70% de popularidad de Claudia Sheinbaum le servirá para presumir en las mañaneras, pero no le sirve para gobernar ni para resolver los problemas del país.

La presidenta Claudia Sheinbaum debe dejar de ser defensora de oficio de López Obrador. Si bien la popularidad de este le sirve para mantener la suya, la defensa constante del gobierno anterior genera mayor desconfianza en su capacidad de gobernar.

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